Amantes de las burbujas


¿Y cómo fue que nacieron los espumantes?

Catadores Vip | 18 diciembre

Si hay una época donde las burbujas son protagónicas es esta. Probablemente, en este año tan particular, los descorcharemos para despedirlo y desear que el que viene sea mejor. Por lo mismo, quisimos dar una pequeña mirada a la historia y descubrir cómo fue nacieron los maravillosos espumantes.

Dicen que los mayores descubrimientos de la humanidad a menudo son fruto de la casualidad o simples accidentes. El caso de los espumantes no fue la excepción. ¿Cómo fue que un ser iluminado dio con esta maravilla? Aquí te contamos su particular historia.

Todo comenzó en el poblado de Hautvillers, en la región de Champagne-Ardenne, (como era de esperarse) en el norte de Francia. Con una pizca de mito y otra de verdad, el anecdotario cuenta que fue el Monje benedictino de la Abadía de el poblado, -Dom Perignon- quien accidentalmente elaboró por primera vez esta bebida. Según la tradición, Dom Pérignon era ciego y tan sólo por el aroma era capaz de determinar la procedencia de cada uno de los racimos. Con apenas 30 años, en 1668, consiguió llegar al puesto de más responsabilidad de la Abadía de Hautvillers, el de responsable de la bodega. Una noche silenciosa, Dom Perignon escucha desde su habitación toda una serie de explosiones en la cava. Temeroso, baja para verificar el estado de las botellas y descubre que son ellas mismas las que dejaban salir un líquido burbujeante, ácido, con aromas profundos a levaduras… lo probó y se sorprendió de tal manera que gritó: “¡Venez vite mes fréres, je bois des étolies! (¡Venid rápido hermanos, estoy bebiendo estrellas!!). “Beber estrellas”…sin dudas la frase que identifica aun hoy al Champagne.

¿Cómo llega Dom Perignon a crear este particular vino de segunda fermentación? Se dice que con la finalidad de evitar que la bebida se escape de las botellas en la segunda fermentación del vino, reemplazó los tapones de madera clásicos de la época medieval, que en el fragor de la fermentación explotaban y dejaban salir el líquido, por tapones de corcho y botellas más grandes. Sin saberlo, estaba inventando el método Champenoise. Como sea, este espectacular descubrimiento nos brindó uno de los placeres más notables de la vida: el espumante en gloria y majestad. 

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